Detalles
Ubicado en el barrio de Chamberí, este piso de 165 m² ha sido diseñado para lograr un equilibrio entre luminosidad, amplitud y un juego de contrastes sofisticado. La distribución se estructura en torno a la cocina, concebida como un cubo monocromático en azul oscuro que se convierte en el elemento clave de la vivienda. Su presencia contrasta con los acabados neutros predominantes en el resto del espacio, destacando dentro de una paleta clara donde el blanco en paredes y techos, junto con el suelo de roble natural, aportan calidez y una sensación de mayor altura. Más que un área funcional, la cocina actúa como un punto de transición entre la zona pública y la privada, delimitando sutilmente los ambientes sin perder fluidez en el recorrido.
Desde la cocina, el espacio se abre hacia un salón-comedor amplio y luminoso, donde la continuidad visual se enfatiza con una cuidadosa integración de materiales y tonalidades suaves. En la zona privada, compuesta por dos habitaciones, dos baños y un cuarto de TV, se ha buscado potenciar la calma y la armonía mediante una estética depurada y envolvente. Un detalle clave del diseño ha sido el panelado de las puertas con la misma tarima del suelo de roble, logrando un efecto visual limpio y elegante que remata el pasillo y refuerza la sensación de continuidad. La combinación de una paleta neutra, materiales nobles y el aprovechamiento máximo de la luz natural convierte este hogar en un espacio atemporal, funcional y sofisticado, donde cada elemento ha sido pensado para aportar equilibrio y carácter.